jueves, 21 de abril de 2016

Sarcoma de partes blandas.



Paciente masculino que fue sometido a cirugía previa por médicos NO ONCÓLOGOS, quienes resecaron el tumor en forma parcial y además hicieron incisiones de abordaje quirúrgico no ortodoxas, lo que implico realizar una cirugía de gran envergadura con un grado importante de complejidad a fin de resecar completamente el tumor y salvar la vida del paciente.

sábado, 16 de abril de 2016

Quiste tirogloso.



Se muestra la realización de una cirugía de un tipo de tumor común en jóvenes, que realizando una intervención quirúrgica adecuada el paciente se recure ad integrum y sin ningún tipo de secuelas. El tumor es benigno.

Cáncer de tiroides avanzado.



Tratamiento del cáncer de tiroides avanzado.

viernes, 27 de marzo de 2015

Revelan el papel crucial de un supresor de tumores en el cáncer de mama



En los últimos años, entre los profesionales médicos se ha generado un gran interés en el desarrollo de nuevos tratamientos para combatir la metástasis del cáncer, que supone la mayor causa de muerte en los pacientes con esta enfermedad.
Sin embargo, aún no se han desarrollado terapias eficaces que permitan detener o prevenir este proceso de diseminación de las células tumorales desde el tumor primario, un paso crítico en la expansión a distintos órganos durante la metástasis.
Ahora, un nuevo estudio publicado en el European Journal of Cell Biology y liderado por José Javier Bravo-Cordero, investigador español que trabaja en el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York (EE UU), revela cómo interviene la proteína profilina1 en la formación de estructuras determinantes para la invasión tumoral.

“Para lograr este nivel de eficacia las células tumorales forman una estructura subcelular denominada invadopodio (del latín invado, invadir, y podio, pie; pie invasivo) y la utilizan para diseminarse hacia otras partes del organismo”, explica Bravo-Cordero.
Usando técnicas de microscopia de alta resolución, los autores han podido estudiar la dinámica de los invadopodios en células tumorales que carecen de profilina1, y describir su papel y la ruta que regula.
Así, tumores de pacientes con cáncer de mama muestran niveles reducidos de la proteína profilina1, que se relacionan con un aumento de la capacidad de los tumores de mama humanos para metastatizar otros órganos.
“Sorprendentemente, las células que carecen de profilina1 muestran una extrema actividad invasiva mediada por invadopodios, comparadas con células control. Es como si hubiésemos quitado el freno y hubiésemos perdido el control del vehículo”, señala en científico español.
Es más, según añade Bravo-Cordero, “en ausencia de profilina1 los invadopodios tienen una mayor agresividad a la hora de degradar la matriz extracelular y son estructuras altamente invasivas, lo que explica el alto potencial metastático de estas células”.
Una estructura crucial
El trabajo, realizado en colaboración con investigadores de la Universidad de Pittsburg (Pensilvania, EE UU), manifiesta la importancia de la estructura interna de los invadopodios y del citoesqueleto de actina –básicamente, el andamio de las células eucarióticas– en su función, y de cómo profilina1 ejerce una función crucial en su regulación.

“Si destruimos el andamio, las estructuras no se forman; de la misma manera que si somos muy eficientes en el montaje de estos andamios podemos formar estructuras que tengan más capacidad invasiva. Estas son las variables con las que tenemos que jugar para impedir la invasión tumoral, y la profilina1 regula este balance”, apunta el experto.
Los autores han descrito la ruta molecular que permite que los invadopodios sean más agresivos en células que carecen de profilina1. Esta ruta desempeña un papel en su maduración para que estos sean eficientes.
“Es un problema con la maduración. En ausencia de esta proteína los invadopodios maduran más rápido, se vuelven más eficientes en su función, degradan la matriz más rápidamente al haberle quitado el freno de profilina1 y, por lo tanto, estas células tienen una mayor capacidad de invasión”, aclara Alejandra Valenzuela-Iglesias, científica en la Universidad de Sonora (México) y primera autora del estudio.
Los investigadores subrayan que en la actualidad “se está desvelando a nivel subcelular cómo funciona toda la maquinaria invasiva e identificando cuáles son las ‘tuercas’ que debemos ajustar para prevenir la diseminación de células tumorales. Esto puede ser de gran ayuda para desarrollar nuevas terapias que ayuden a frenar el proceso de metástasis”, concluyen.

Cáncer de ovario: quimioterapia y mejores técnicas quirúrgicas


El cáncer de ovario epitelial es la principal causa de muerte por cáncer ginecológico en Estados Unidos y es la quinta causa más frecuente de mortalidad por cáncer en las mujeres de este país. Se estima que en el 2015 se establecerá más de 21.000 nuevos diagnósticos y ocurrirán más de 14.000 fallecimientos por esta neoplasia en Estados Unidos; menos de 40% de las mujeres con cáncer de ovario se curan.
La National Comprehensive Cancer Network® (NCCN®) ha publicado la vigésima edición anual de las Directrices de Ejercicio Clínico en Oncología de la NCCN (NCCN Guidelines®) para el cáncer de ovario, una de las originales directrices de NCCN publicadas en noviembre de 1996.
«Ha habido una serie de avances en el tratamiento del cáncer de ovario desde que se publicaron las primeras directrices de la NCCN en 1996», dijo el Dr. Robert J. Morgan FACP, Profesor de Oncología Médica, Departamento de Oncología Médica e Investigación de Terapéutica, City of Hope, y presidente del Panel de las Directrices de NCCN para el cáncer de ovario.
«Un avance importante es la recomendación de la quimioterapia intraperitoneal en determinados grupos de pacientes. Ahora se añadió a las directrices una designación de categoría 1 para esta recomendación de tratamiento cuando se publicó evidencia sólida que demostraba que este enfoque terapéutico tiene una mejora importante en la mediana de sobrevida de las mujeres».
El Dr. Morgan, quien ha fungido como Presidente del Panel para Cáncer de Ovario de las directrices de NCCN durante 20 años, señaló que los principios quirúrgicos para el cáncer de ovario se han modificado desde que se publicaron las primeras directrices de la NCCN. En la versión original, explicó, hubo un notable desacuerdo con respecto al papel que desempeña la estadificación quirúrgica completa en el cáncer en etapa no avanzada con una recomendación de categoría 3.
«Desde entonces, se ha vuelto más claro el papel que desempeña el tratamiento quirúrgico y ahora se recomienda la estadificación quirúrgica completa o la reducción de la masa tumoral prácticamente para todas las pacientes con sospecha de alguna lesión tumoral residual».
Una tercera repercusión importante en las recomendaciones de tratamiento para el cáncer de ovario desde 1996 es que se añadió bevacizumab y esquemas que contienen bevacizumab a las directrices de la NCCN.
Dado que la mejora en la sobrevida sin avance de la enfermedad más que la sobrevida global puede ser un resultado del tratamiento aceptable, explicó el Dr. Morgan, se enumeran los esquemas que contienen bevacizumab; sin embargo, estos esquemas pueden tener diferentes recomendaciones de categoría 2A, 2B o 3 en virtud de la fuerza comprobatoria de la evidencia publicada que muestra una mejora dependiendo de cuándo se utilizan los esquemas durante el curso del tratamiento.
«La NCCN está orgullosa de haber participado en el avance del tratamiento de las mujeres con cáncer de ovario desde que se publicaron las primeras directrices de la NCCN en 1996», dijo el Dr. Robert W. Carlson, director ejecutivo de la NCCN. «Aplaudimos la labor del Dr. Morgan y del panel durante tres décadas de servicio y dedicación a mejorar los resultados para las mujeres con esta enfermedad letal».
Además de las Directrices de la NCCN para el Cáncer de Ovario, la NCCN también ofrece los siguientes recursos a médicos y pacientes: Directrices de la NCCN para la Valoración de Alto Riesgo Genético/Familiar: Mama y Ovario, y Directrices de la NCCN para Pacientes®; Cáncer de Ovario.
En la actualidad, la NCCN prepara y mantiene 60 directrices de la NCCN que abarcan 97% de los tumores malignos que afectan a las personas en Estados Unidos. Las directrices de la NCCN son creadas y actualizadas a través de un proceso basado en evidencia en el cual paneles de expertos integran datos clínicos y científicos exhaustivos con el criterio de miembros interdisciplinarios del panel y otros expertos provenientes de las instituciones integrantes de las NCCN.

miércoles, 25 de marzo de 2015

La FDA autoriza el primer adhesivo de tejido para uso interno



La Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos aprobó TissuGlu, el primer adhesivo de tejido aprobado para uso interno.

TissuGlu es un adhesivo a base de uretano que los cirujanos pueden utilizar para conectar los colgajos de tejidos que crean durante la intervención quirúrgica para eliminar el exceso de tejido adiposo y piel o para restablecer los músculos abdominales debilitados o separados (abdominoplastia). La conexión de los colgajos de tejido con un adhesivo interno puede reducir o eliminar la necesidad de drenaje de líquido quirúrgico postoperatorio entre los colgajos de tejido de la abdominoplastia.

Las gotas de TissuGlu líquido se aplican utilizando un aplicador manual. Después de aplicar las gotas, se coloca el colgajo de abdominoplastia en su lugar. El agua en el tejido del paciente comienza una reacción química que une los colgajos. El cirujano procede luego con el cierre normal de la piel utilizando puntos de sutura.


«La aprobación del primer adhesivo sintético para uso interno por la FDA ayudará a algunos pacientes con abdominoplastia a recuperar su rutina habitual después de la operación con más rapidez que cuando se les inserta drenes quirúrgicos», dijo el Dr. William Maisel, MPH, director delegado de ciencias en el Centro para Dispositivos y Salud Radiológica de la FDA.

El análisis de TissuGlu por la FDA incluyó datos de un estudio clínico de 130 participantes que se sometieron a una abdominoplastia electiva. En la mitad de los participantes se utilizaron drenes quirúrgicos en tanto que en la otra mitad se empleó TissuGlu y ningún dren. Los resultados del estudio demostraron que 73% de los participantes que recibieron TissuGlu no necesitaron intervenciones postoperatorias para drenar líquido que se había acumulado entre los colgajos de tejido de la abdominoplastia.

De 27% de los pacientes que no necesitaron tratamientos invasivos, en 21% se efectuó únicamente aspiraciones con aguja. En 6% de los pacientes del grupo en que se aplicó TissuGlu se efectuaron aspiraciones con aguja y se aplicaron drenes por la formación persistente de seroma.

Los participantes en los que se aplicó TissuGlu sin drenes quirúrgicos en general pudieron reanudar la mayor parte de sus actividades cotidianas como el bañarse, subir escaleras y volver a sus rutinas habituales más pronto que aquellos en los que se colocaron drenes quirúrgicos. No hubo ninguna diferencia entre los dos grupos en cuanto a los grados comunicados de dolor o molestia a consecuencia del procedimiento quirúrgico.

TissuGlu es fabricado por COHERA Medical, Inc., ubicado en Pittsburgh, Pennsylvania.

La FDA, un organismo del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, protege la salud del público al garantizar la tolerancia, la eficacia y la inocuidad de fármacos humanos y veterinarios, vacunas y otros productos biológicos para uso humano, así como dispositivos médicos. El organismo también se encarga de vigilar en este país la protección y seguridad de suministro de alimento, cosméticos, suplementos alimentarios, productos que emanan radiación electrónica, al igual que de la regulación de productos derivados del tabaco.

Fuente: Food and Drug Administration

Noticia sobre el virus del papiloma humano (VPH).





Noticia sobre el virus del papiloma humano (VPH).
Estudio de los NIH revela que un resultado negativo de la prueba del VPH es un mejor predictor de un riesgo bajo de cáncer de cuello uterino que una prueba de PAP (Papanicolaou) negativa.
De acuerdo con un estudio en el que participaron más de un millón de mujeres, los investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) han determinado que el resultado negativo de una prueba para la detección del virus del papiloma humano (VPH) proporciona mayor certeza o conocimiento frente a riesgos futuros de cáncer de cuello uterino que una prueba de Pap negativa. Esto quiere decir que las mujeres que obtienen un resultado negativo en la prueba del VPH presentan un riesgo sumamente bajo de presentar cáncer de cuello uterino. Este hallazgo, de los investigadores del Instituto Nacional del Cáncer (NCI), que forma parte de los NIH, y de sus colegas, se publicó en línea el 18 de julio de 2014 en el Journal of the National Cancer Institute.
Con la prueba del VPH se detecta el ADN (o el ARN) de los tipos de virus del papiloma humano que causan casi todos los cánceres de cuello uterino. Con la prueba de Pap se detectan cambios anómalos en las células, los cuales están asociados a la presencia del cáncer de cuello uterino. Ambos tipos de pruebas se realizan con una muestra de células extraídas del cuello uterino.
Desde 2003, mujeres entre 30 y 64 años de edad inscritas en el sistema de atención médica de Kaiser Permanente Northern California se han hecho exámenes de detección del cáncer de cuello uterino con pruebas simultáneas de VPH y de Pap (conocidas como pruebas conjuntas). Este grupo de mujeres es el más grande del cual se tiene conocimiento en los Estados Unidos con un antecedente tan prolongado de realización de pruebas de VPH en consultas clínicas de rutina. En 2011, los investigadores del NCI y sus colegas publicaron los resultados de los exámenes de detección de cerca de 300 000 mujeres que formaban parte de este grupo. Esos datos se usaron como base para las directrices actuales sobre exámenes de detección y control de enfermedades del cuello uterino en los Estados Unidos, entre ellas, las emitidas por el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de EE. UU. (U.S. Preventive Services Task Force, USPSTF), que recomienda a mujeres con resultados normales hacerse la prueba de Pap cada tres años (entre los 21 y 65 años de edad) o realizarse las pruebas conjuntas cada cinco años (entre los 30 y 65 de edad).
En el nuevo estudio, los investigadores ampliaron el análisis de 2011 a más de 1 millón de mujeres que se habían hecho exámenes de detección hasta el 31 de diciembre de 2012. Los investigadores calcularon los riesgos de cáncer de cuello uterino en mujeres con resultados negativos de solo la prueba del VPH, de solo la prueba de Pap y de las pruebas conjuntas. Compararon las estimaciones de los riesgos basándose en las directrices de la USPSTF Notificación de salida que recomiendan pruebas de Pap cada tres años y pruebas conjuntas cada cinco años.
Los investigadores hallaron que el riesgo de padecer cáncer de cuello uterino en los tres años siguientes a la obtención de un resultado negativo en la prueba del VPH fue casi la mitad del observado después de un resultado negativo de la prueba de Pap, el cual que ya era un riesgo bajo. El riesgo de cáncer de cuello uterino en los tres años posteriores a un resultado negativo de la prueba del VPH fue similar al riesgo de padecer cáncer cinco años después un resultado negativo de una prueba conjunta. Los investigadores estimaron que la cifra de mujeres que padecerían cáncer de cuello uterino después de recibir un resultado negativo en las pruebas sería la siguiente:
Resultado negativo de la prueba de Pap: 20 por cada 100 000 mujeres durante tres años
Resultado negativo de la prueba del VPH: 11 por cada 100 000 mujeres durante tres años
Resultado negativo de la prueba conjunta: 14 por cada 100 000 mujeres durante cinco años
"Nuestros resultados demuestran el valor predictivo superior de un resultado negativo de la prueba del VPH, en comparación con un resultado negativo de la prueba de Pap. Nuestros hallazgos proporcionan indicios científicos para respaldar las directrices actuales de realizar pruebas conjuntas, así como la posibilidad de que la prueba primaria de VPH sea otra alternativa para la detección del cáncer de cuello uterino", comentó Julia Gage, Ph.D., autora principal del informe e investigadora de la Subdivisión de Genética Clínica de la División de Epidemiología y Genética del Cáncer del NCI.