martes, 8 de diciembre de 2009

Decálogo europeo contra el cáncer


La Unión Europea ha redactado un decálogo de consejos a seguir para mejorar la estadística de incidencia del cáncer en nuestro continente.
Sencillos, lógicos, y en principio fáciles de seguir, su cumplimiento reduciría en un porcentaje muy importante el número de casos de cánceres y mejoraría grandemente las posibilidades de un tratamiento precoz y útil.

1.- No fume. Fumador: deje de fumar lo antes posible, y no fume delante de otros.

2.- Sea moderado en el consumo de bebidas alcohólicas.

3.- Evite la exposición al sol.

4.- Respete las instrucciones profesionales de seguridad durante la producción, manipulación o utilización de toda sustancia cancerígena.

5.- Coma frecuentemente frutas y verduras frescas y cereales de alto contenido en fibra.

6.- Evite el exceso de peso.

7.- Consulte al médico en caso de evolución anormal: cambio de aspecto de un lunar, un bulto o una cicatriz anormal.

8.- Consulte a su médico en caso de transtornos persistentes como tos, ronquera, cambio en sus hábitos intestinales o pérdida injustificada de peso.

9.- Hágase regularmente un frotis vaginal (Papanicolaou) el cual debe iniciar cuando la mujer tenga su primer relación sexual.

10.- Vigile sus senos regularmente, y, si es posible, hágase una mamografía a intervalos regulares a partir de los 40 años.

Factores psicológicos que intervienen en el desarrollo del cáncer y en la respuesta al tratamiento


INTRODUCCIÓN
Desde el inicio de la historia de la medicina, el "padre de la medicina", Hipócrates, menciona en sus escritos la influencia del cuerpo sobre la parte anímica, y la del alma sobre el cuerpo, señalándose una atención especial al medio ambiente social como factor etiológico de la enfermedad. Galeno fue el primer autor que consideró la influencia de la personalidad en el cáncer. En su tratado sobre los tumores De tumoribus señaló que las mujeres "melancólicas" eran más propensas que las "sanguíneas" a tener un cáncer de mama. Desde entonces la relación y vinculación clínica entre tres variables, personalidad-estrés-cáncer es frecuente en los tratados de medicina.

La psicooncología es una disciplina que aplica la psicología en una enfermedad como el cáncer y se desarrolla en diferentes áreas: prevención, asistencia, docencia e investigación. El modelo "biopsicosocial" de salud se está aplicando tanto en la investigación como en la asistencia. Son múltiples las investigaciones, dentro de la psicooncología, que intentan demostrar la influencia de aspectos psicológicos en la aparición y desarrollo del cáncer. El contenido de estas investigaciones suele ser personalidad y cáncer, estrés y cáncer, terapia psicológica y mayor supervivencia. A pesar de los problemas metodológicos que tienen muchas de estas investigaciones y que los resultados obtenidos todavía no son concluyentes, los datos señalan cada vez con mayor rigor que diferentes variables psicológicas se encuentran asociadas tanto en la aparición como en el desarrollo del cáncer.

Asimismo está aceptado que el comportamiento humano determina un gran número de cánceres, de forma que en un 80% de ellos se da una contribución ambiental que determina su aparición o curso. El cáncer podría evitarse en gran medida si se modificaran los patrones de conducta.

CONDUCTA Y CÁNCER
La prevención del cáncer cobra cada día mayor importancia. El control de hábitos de riesgo y la adopción de estilos de vida saludables pueden salvar más vidas que todos los procedimientos de quimioterapia existentes1. Entre los hábitos de conducta relacionados con el cáncer se encuentran: la exposición ambiental a carcinógenos, tales como el tabaco, el alcohol, la ingesta de dietas ricas en grasas y bajas en fibras, exposiciones solares, así como la combinación de estos factores. En concreto, el tabaco causa el 30% de todos los cánceres (80% de los cánceres de pulmón). La educación para la salud es fundamental para la adquisición de hábitos de salud que prevengan la aparición del cáncer. Es popular el decálogo europeo contra el cáncer promovido dentro del programa Europa contra el cáncer. Este programa comenzó durante la cumbre de la Comunidad Europea celebrada en Milán en el año 1985. Uno de sus objetivos principales es educar a la población en hábitos de salud y reducir la incidencia de cáncer.

El apoyo social también va a ser un factor que predice el estado de salud y de la mortalidad, así como de la adaptación ante acontecimientos estresantes, ya que las personas que tienen pocos o escasos lazos sociales presentan menor frecuencia de conductas preventivas, llegan con un nivel más avanzado de enfermedad, presentan menos adherencia al tratamiento y el impacto de la enfermedad es mucho más estresante

ESTRÉS Y CANCER
El estrés puede afectar al inicio o curso del cáncer, generando cambios biológicos propios de la respuesta de estrés y con cambios en las conductas de salud o estilos de vida que pueden predisponer a la enfermedad. Ante los efectos del estrés las personas pueden llevar a cabo conductas altamente perjudiciales para la salud como el tabaco, el alcohol, los patrones de alimentación inadecuados, el rechazo de tratamientos médicos, etc.

El efecto supresor del estrés emocional en la función inmunológica y en la susceptibilidad a la enfermedad es uno de los aspectos más estudiados de la psiconeuroinmunología. Las células neoplásicas se desarrollan y proliferan con una estructura diferente a la normal, mostrando en su organización histológica una serie de características que las hace claramente distintas del resto y patológicas. Un posible papel del sistema inmunológico, en la defensa contra el cáncer, sería precisamente la capacidad de reconocer estas células anormales en las cuales han ocurrido esta serie de cambios y eliminarlas antes de que el tumor pueda desarrollarse. Existen unas células llamadas NK (natural killer) cuya actividad citotóxica se manifiesta ante diferentes tumores y es importante dentro del mecanismo de destrucción tumoral. Investigaciones sobre humanos ofrecen la evidencia de factores psicosociales y medioambientales, incluidas las experiencias de estrés agudo y crónico, como inductores o asociados con funciones inmunes alteradas. Como acción determinante, el estrés modifica la dinámica neuroendocrina y, por tanto, puede afectar las condiciones y comportamiento inmunes del organismo. Varios autores han analizado los efectos de la relajación en el sistema inmune de pacientes oncológicos, concluyendo que un entrenamiento continuado en relajación afecta positivamente a parámetros inmunológicos en un grupo de pacientes con cáncer de ovario que reciben quimioterapia. En un grupo de pacientes con cáncer metastásico, el entrenamiento en técnicas de relajación durante un año produce cambios significativos en varias medidas de inmunocompetencia.

Además determinadas células del sistema inmune secretan ellas mismas péptidos, algunos de los cuales son precursores de neurotransmisores, con lo que se establece una comunicación bidireccional entre el Sistema Nervioso Central y el Sistema Inmune. Algunos autores8 han encontrado relación entre niveles altos de estrés y menor supervivencia.

Sklar y Anisman en una completa revisión sobre estrés y cáncer concluyen: "Nuestro punto de vista es, no que el estrés sea la causa del cáncer sino más bien que el estrés, como acontecimiento ambiental con profundos efectos sobre el funcionamiento fisiológico, puede influir el curso de la enfermedad neoplásica. En efecto, el estrés se traduce en cambios biológicos compensatorios para hacer frente a las demandas a las que se ve sometido el organismo. Sin embargo, la movilización focalizada de recursos o su potencial agotamiento incapacita en alguna medida al organismo para luchar con eficacia con las células cancerosas. Dada la relación existente entre los sistemas neuroquímico, hormonal e inmunitario, una perturbación en cualquiera de estos procesos podría incrementar ostensiblemente la proliferación de células cancerosas". Un buen resumen acerca de la relación entre el estrés y el cáncer lo expresan Wayner, Cox y Mackay al destacar que:

1. El estrés puede influir sobre la iniciación del cáncer de varias maneras:
i. Aumentando la exposición del sujeto a un carcinógeno; ii. Interactuando con los efectos de un carcinógeno; iii. Permitiendo la expresión de un potencial genético latente a través de un cambio en el sistema hormonal.

2. Una vez establecido el proceso neoplásico, algunas reacciones comportamentales al estrés, tales como un aumento en el consumo de tabaco, alcohol u otras drogas o unas estrategias psicológicas deficientes para afrontar los problemas, pueden modificar o interactuar en combinación con el sistema neuroendocrino.

3. El bloqueo de ciertas células inmunológicas, tales como los linfocitos NK, debido a la acción conjunta del estrés y del propio tumor, podría aumentar la probabilidad de que determinadas células precozmente transformadas eludieran la acción de las defensas del organismo.

PERSONALIDAD Y CÁNCER
El posible vínculo entre personalidad y cáncer ha sido abordado de manera sistemática y empírica desde hace unos años. Viendo los estudios en su conjunto emerge una serie de rasgos y estilos de afrontamiento que puede constituir la "personalidad predispuesta al cáncer". Ha sido etiquetada como personalidad "Tipo C" por diferentes autores. Constituye un patrón de conducta contrapuesto al "Tipo A" (predispuesto a la enfermedad coronaria) y diferente al "Tipo B" (tipo saludable). Los elementos que definen más especialmente al "Tipo C" son la inhibición y negación de las reacciones emocionales negativas como la ansiedad, agresividad e ira, y la expresión acentuada de emociones y conductas consideradas positivas y deseables socialmente, tales como, excesiva tolerancia, extrema paciencia, aceptación estoica de los problemas y actitudes de conformismo en general, en todos los ámbitos de la vida. Algunos autores retratan a esta personalidad como la "típica buena persona" que está deseando siempre complacer y buscar la armonía en las relaciones interpersonales, así como evitar expresar actitudes y reacciones que puedan ofender a otros, incluso en perjuicio de sus propios derechos y necesidades, con el fin último de no propiciar un conflicto. Otros autores como Grossarth-Maticek y Eysenck, señalan seis estilos de reacción al estrés.

Dos de ellos están muy relacionados con el cáncer:
Tipo 1. Predisposición al cáncer. El sujeto tipo 1 se caracteriza por presentar elevado grado de dependencia conformista respecto a algún objeto o persona con valor emocional destacado para él, e inhibición para establecer intimidad o proximidad con las personas queridas. Son personas que ante las situaciones estresantes suelen reaccionar con sentimientos de desesperanza, indefensión y tendencia a reprimir las reacciones emocionales abiertas. La pérdida del objeto se mantiene como fuente de estrés. Tipo 5. Racional-antiemocional. Se define por la tendencia a emitir reacciones racionales y antiemocionales. Este tipo de personas suele suprimir o negar las manifestaciones afectivas, encontrando dificultad para expresar las emociones. Debería denotar predisposición a la depresión y al cáncer. Hay predominio de lo racional sobre lo emocional. Otras características de personalidad que se han asociado al cáncer son la presencia de altos niveles de depresión, sentimientos de indefensión y pesimismo15. Green y Shellenberger realizan un completo resumen sobre las características de personalidad en pacientes de cáncer.

TERAPIA PSICOLÓGICA Y EVOLUCIÓN DE LA ENFERMEDAD
Habitualmente las líneas de tratamiento de la psicooncología se desarrollan en las siguientes áreas: prevención, información al paciente, preparación a la hospitalización y al tratamiento, efectos secundarios al tratamiento, dolor, relaciones familiares, fase terminal, entrenamiento al personal sanitario y adaptación general a la enfermedad. Además de estas áreas, se puede buscar otros objetivos con la psicoterapia. Hay diversos estudios que intentan demostrar la influencia de la terapia psicológica en enfermos con cáncer con una mayor supervivencia. Es ya clásico el estudio de Spiegel de 1989, desarrollado durante diez años que demuestra que mujeres con cáncer de mama metastásico que recibieron tratamiento psicológico, tenían mayor supervivencia que un grupo control que no recibían este tratamiento. La publicación de este artículo en Lancet y su posterior comentario en Science tuvo una repercusión importante en las futuras investigaciones sobre el tema. Greer y Morris en una investigación longitudinal de más de quince años con pacientes con cáncer de mama, encuentran que las mujeres que se enfrentaron abiertamente a su enfermedad o la negaron, en los primeros meses que siguieron al diagnóstico, consiguieron unas tasas de recidivas muy inferiores a las que afrontaron la enfermedad con actitudes depresivas o de aceptación fatalista. Fawzy demostró que la intervención psicológica en pacientes con melanoma redujo la tasa de recidivas. Ratcliffe señala que el ánimo depresivo en pacientes con enfermedad de Hodgkin o linfoma no Hodgkin es un factor pronóstico independiente para una supervivencia menor. Encontraron una mayor supervivencia en pacientes con buenas relaciones interpersonales que pidieron y recibieron ayuda psicológica y que reconocieron la gravedad de su enfermedad con una buena adaptación. Otros autores en Australia, han encontrado influencia del afrontamiento psicológico en pacientes con cáncer de mama metastásico y con melanoma metastásico, en una mayor supervivencia. Sin embargo, también se realizan estudios en los que no se demuestra la relación entre psicoterapia y mayor supervivencia. Se puede concluir con el comentario que realiza Bayés sobre el tema que parece representar la línea de la psicooncología hoy en día: "En el momento actual: a) las intervenciones psicológicas tienen que usarse, siempre que se consideren oportunas, como tratamiento complementario y en ningún caso sustitutorio de las intervenciones biomédicas; b) el objetivo básico de las mismas debe ser siempre la mejora de la calidad de vida del paciente; y c) hay que admitir la posibilidad, tanto en la investigación como en la clínica, de que los factores psicológicos puedan afectar, directa o indirectamente, positiva o negativamente, al curso biológico del proceso neoplásico y al tiempo de supervivencia del enfermo".

CONSIDERACIONES FINALES
Son abundantes en los últimos años las investigaciones que intentan demostrar la relación entre el estrés, personalidad, acontecimientos estresantes y la aparición del cáncer y su evolución. Dentro de la etiología multifactorial del cáncer, los resultados de estas investigaciones parecen señalar la influencia de los factores psicológicos en el cáncer. Sin embargo, es necesario continuar con las líneas de investigación y solucionar problemas metodológicos. No existen estudios prospectivos y los instrumentos de medida deben de ser más fiables. Asimismo hay que ser muy prudentes con la interpretación que se hace de estos resultados. Estas interpretaciones pueden ir al extremo de "causa-efecto", "por haber estado estresado durante un año he tenido un cáncer". No es extraño que, en muchas ocasiones, enfermos de cáncer se sientan culpables por la enfermedad. Si asocian que su estilo de personalidad o su respuesta ante situaciones estresantes han favorecido la enfermedad les puede generar una angustia que influya negativamente en su adaptación. Igualmente se pueden sentir excesivamente responsabilizados en la evolución de la enfermedad. Es bueno que el enfermo colabore en todos los sentidos en su recuperación y se sienta implicado en el tratamiento, pero los enfermos pueden sentirse muy presionados por los familiares, incluso por los sanitarios, por tener una actitud optimista y "poner de su parte" cuando la extensión de la enfermedad o el estado físico ocasiona otro tipo de respuesta. Hay que permitir al paciente responder con sus propias estrategias de adaptación, coherentes a su estilo de personalidad y sin reprimir las emociones que pueda sentir.

El sol y el cáncer de piel



El cáncer de piel es una enfermedad maligna producida por la división y crecimiento descontrolado de las células que la forman, con capacidad para invadir los tejidos y estructuras sanas de alrededor y otros órganos a distancia.

Aunque se generalice hablando de cáncer de piel, existen varios tipos entre los que destacan de forma clara los melanomas y los carcinomas cutáneos.

En ambos tipos, el principal factor de riesgo implicado en su aparición son las radiaciones solares, sobre todo las de tipo B (UVB) y las de tipo A (UVA). En la piel, estas radiaciones son capaces de producir mutaciones en el material genético (ADN), de las células que componen la epidermis (capa más superficial de la piel), e impedir su reparación, iniciándose así el proceso de la carcinogénesis o formación de un cáncer.

Melanoma
El melanoma es el tipo de cáncer cutáneo menos frecuente (aproximadamente el 5% de los tumores de piel), aunque en los últimos años está aumentando de forma considerable. Las células afectadas son los melanocitos o células productoras de melanina (pigmento que da color a la piel). Las radiaciones solares alteran su ADN y comienzan a dividirse y crecer descontroladamente, invadiendo los tejidos sanos de alrededor y otros órganos a distancia.

Los melanomas se desarrollan sobre todo en personas de piel y ojos claros con dificultad para broncearse.

La exposición puntual, excesiva e intermitente al sol se relaciona con su aparición, lo que explica que los melanomas se localicen preferentemente en zonas no expuestas al sol de forma habitual, como es el caso de la espalda y las piernas.

El aspecto que con más frecuencia presentan los melanomas, viene definido por la regla del A, B, C, D (iniciales de las características de las lesiones):

A: asimetría.
B: bordes irregulares.
C: color variado (una misma lesión presenta diversos colores).
D: diámetro mayor de 6 mm.


Cualquier lesión que presente alguna de estas características debe ser consultada con el oncólogo a la mayor brevedad.

El crecimiento de estos cánceres es muy rápido, por lo que para diagnosticar y tratar precozmente la enfermedad, es importante conocer sus características y acudir al médico a la mayor brevedad.

Además de la acción de las radiaciones solares, el riesgo que una persona tiene de padecer un melanoma aumenta con:
• La existencia de antecedentes familiares de este tumor.
• La presencia en la piel de gran número de lunares (mas de 50 o 60).
• El padecimiento de quemaduras solares con ampollas durante la infancia y
adolescencia.

Carcinomas cutáneos
Son los tumores más frecuentes del ser humano y además, en los últimos años se está produciendo un aumento de los mismos.
Aparecen sobre todo a partir de los 50 años. Las personas de ojos claros y piel blanca expuestas al sol de forma crónica, como es el caso de los trabajadores al aire libre -labradores y marinos-, son los más afectados por estos tumores.

Con gran frecuencia, las lesiones se localizan en la cara, el cuello y las manos.
Dependiendo del tipo de células afectadas los carcinomas cutáneos se dividen en:

Basocelulares: Afectan a las células basales de la epidermis, encargadas de la renovación de piel. Son los más frecuentes, representando el 70-80% de los carcinomas.

Espinocelulares o epidermoides: Las células implicadas son las espinosas, situadas en la zona más superficial de la epidermis. Representan el 20% de los carcinomas.

El aspecto de las lesiones que pueden presentar estos tumores es muy variado. Destacan por su frecuencia la aparición de manchas (generalmente rojizas) que pueden descamarse y sangrar, nódulos (elevaciones o prominencias redondeadas en la piel) y ulceras que no cicatrizan.

El crecimiento de estos cánceres es muy lento, lo que favorece que su índice de curación sea muy alto, a pesar de que las personas que lo padecen tarden meses e incluso años en acudir al médico.

Ante la aparición de cualquier alteración o lesión nueva en la piel o el cambio de alguna ya existente, debe consultar con el dermatólogo.

Pautas para el consumo saludable de alimentos


El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) formuló Nutrición y su Salud:
Pautas Alimentarias para estadounidenses con recomendaciones para el régimen alimentario y la salud en apoyo de la buena salud general. La pirámide alimentaria del USDA describe cinco grupos de alimentos acompañados por la cantidad de porciones que se deben consumir a diario para suministrar los nutrientes y las calorías adecuadas. Los grupos de alimentos mostrados son granos, verduras, frutas, productos lácteos y proteínas de origen carnívoro o no. Advierte que grasas, aceites, y dulces se deben consumir en moderación.

Prevención del cáncer
Opciones de alimentos saludables y actividad física pueden ayudar a reducir el riesgo de cáncer. La Asociación Estadounidense de Lucha contra el Cáncer y el Instituto Estadounidense para la Investigación sobre el Cáncer han elaborado pautas similares para la prevención del cáncer.


Las siguientes pautas para el régimen alimentario y la salud pueden contribuir a reducir el riesgo de cáncer:
Seguir una dieta de base vegetal. Consumir al menos 5 porciones de frutas y verduras diarias. Incluir habichuelas en la dieta y comer productos de granos (como cereales, panes y pasta) varias veces al día.
• Escoger alimentos con bajo contenido de grasa.
• Escoger alimentos con bajo contenido de sal.
• Lograr y mantener un peso saludable.
• Realizar todos los días un mínimo de actividad moderada, por 30 minutos durante la mayoría de los días de la semana.
• Limitar el consumo de bebidas alcohólicas.
• Preparar y almacenar alimentos de manera adecuada.
• No consumir tabaco en ninguna forma.

Cáncer secundario
Las pautas nutricionales para la prevención del cáncer son útiles también para los sobrevivientes de cáncer a fin de evitar el desarrollo de cáncer secundario. La relación entre el régimen alimentario y la dieta sigue en estudio.

Cáncer del pulmón
Los resultados obtenidos de algunos estudios han mostrado la siguiente relación entre el régimen alimentario y el cáncer del pulmón:
• El consumo de más de 5 porciones por día de frutas y verduras puede reducir el riesgo de cáncer del pulmón.
• Los alimentos suplementarios con beta-caroteno puede aumentar el riesgo de cáncer del pulmón en fumadores varones, aunque esto no se encuentra bien demostrado.

Cáncer de próstata
Los resultados obtenidos de algunos estudios han mostrado la siguiente relación entre el régimen alimentario y el cáncer de próstata:
• Dietas con alto contenido de grasa saturada y grasa de carne o de origen animal pueden aumentar el riesgo de cáncer de próstata en etapa avanzada.
• El consumo diario de suplementos de vitamina E puede reducir el riesgo de muerte por cáncer de próstata.
• La dieta diaria rica en beta-caroteno puede reducir la posibilidad de morir por cáncer de próstata. No obstante, no se aconseja para fumadores dado que puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de próstata.

Cáncer del seno
Los resultados obtenidos de algunos estudios han mostrado la siguiente relación entre el régimen alimentario y el cáncer del seno
• Dietas con alto contenido calórico y de grasas pueden aumentar el riesgo de recurrencia.
• Beber cerveza puede aumentar el riesgo de recurrencia y muerte.
• Tomar vitamina C por encima de la cantidad diaria recomendada puede reducir el riesgo de recurrencia.
• Una dieta con alto contenido de verduras y frutas puede reducir el riesgo de recurrencia.
• Una dieta con alimentos que contienen beta-caroteno (como verduras color naranja oscuro y frutas) puede reducir el riesgo de muerte a raíz de cáncer del seno.

Cáncer del colon
Los resultados obtenidos de algunos estudios han mostrado la siguiente relación entre el régimen alimentario y el cáncer del colon:
• Una dieta a largo plazo con alto contenido de granos integrales puede reducir el riesgo de cáncer del colon.

Cáncer del esófago y estómago
Los resultados obtenidos de algunos estudios han mostrado la siguiente relación entre el régimen alimentario y el cáncer del esófago y estómago:
• Una dieta con alto contenido de fibras de cereales puede reducir el riesgo de cáncer de estómago.
• El tomar suplementos diarios de vitaminas C y E y beta-caroteno puede reducir el riesgo de cáncer del esófago.