jueves, 6 de diciembre de 2012

Solo algunas células madre son eficaces para la medicina regenerativa.




Científicos de las Universidades de Granada y Alcalá de Henares han demostrado que no todas las células madre que se aíslan en un laboratorio tienen la misma eficacia a la hora de emplearlas en medicina regenerativa y en la construcción de tejidos artificiales. Los expertos han demostrado que, en contra de lo que se pensaba ha
sta ahora, únicamente un grupo de las células madre extraídas del cordón umbilical y mantenidas en cultivo en el laboratorio son útiles para su posterior aplicación terapéutica.

En la actualidad, el cordón umbilical constituye una importante fuente de células madre para la medicina regenerativa y la construcción de tejidos artificiales.

Las ‘células madre de la gelatina de Wharton’ están despertando un gran interés en la medicina regenerativa

De los distintos tipos de células madre existentes en el cordón, las denominadas ‘células madre de la gelatina de Wharton’ están despertando un gran interés en la medicina regenerativa debido a su fácil accesibilidad, su gran potencial para diferenciarse hacia tejidos muy distintos y por poseer propiedades inmunológicas privilegiadas.

Gracias al estudio de los genes implicados en la viabilidad celular, investigadores de las Universidades de Granada y Alcalá de Henares han establecido que solo un grupo de las células madre extraídas del cordón y mantenidas en cultivo en el laboratorio son útiles para su aplicación terapéutica.

La importancia del trabajo, que la revista Tissue Engineering destaca como el más relevante de su último número, radica en la posibilidad de seleccionar para la ingeniería tisular y la medicina regenerativa las células madre más idóneas y eficaces de la gelatina de Wharton del cordón umbilical.

El artículo explica por qué se han obtenido hasta ahora resultados contradictorios cuando se utilizaban estas células, ya que no se había seleccionado previamente en dicha población el grupo de células más aptas.

La investigación abre la posibilidad de seleccionar también subgrupos de células en otras poblaciones de células madre de tejidos diferentes para aumentar la eficacia terapéutica en distintos protocolos de medicina regenerativa.

El grupo de investigación de Ingeniería Tisular de la Universidad de Granada, que dirige el profesor Antonio Campos Muñoz, es el mismo que recientemente ha construido córnea y piel artificial utilizando células madre y nuevos biomateriales desarrollados en Granada.

Referencia bibliográfica:

Ingrid Garzón, Barbara Pérez-Köhler, Juan Garrido-Gómez, Victor Carriel, Renato Nieto-Aguilar, Miguel Angel Martín-Piedra, Natalio García-Honduvilla, Julia Buján, Antonio Campos, and Miguel Alaminos.Tissue Eng Part C Methods. June 2012, 18(6): 408-419. doi:10.1089/ten.tec.2011.0508.
 

Las células tumorales se alían con las sanas para extender el cáncer de colon.



Un nuevo estudio del IRB Barcelona que publica la revista Cancer Cell revela que las células tumorales de colon necesitan aliarse con las células sanas para poder colonizar los órganos durante el proceso de metástasis. El hallazgo abre la puerta a sustanciales mejoras en el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes
 con este tipo de cáncer.

Un equipo de investigadores del Institut de Recerca Biomèdica (IRB Barcelona), liderado por Eduard Batlle y Elena Sancho, ha descubierto que la capacidad de un cáncer de colon para hacer metástasis recae en las células sanas que envuelven el tumor, el denominado estroma.

A pesar de que la hipótesis de la complicidad del estroma ha sido largamente debatida, esta es la primera vez que un artículo señala la función fundamental de las células sanas del entorno para la instauración de metástasis en un tipo de tumor específico.

“Es la primera vez que un artículo señala la función fundamental de las células sanas para la instauración de metástasis en un tipo de tumor específico”

El descubrimiento, que publica mañana en portada la revistaCancer Cell, supondría un beneficio para los pacientes ya que en poco más de cinco años se contaría con un test para predecir las recaídas y adaptar el tratamiento según el pronóstico.

A través del análisis de 345 casos de pacientes de cáncer de colon extraídos de bases de datos públicas y con muestras de pacientes facilitadas por tres hospitales de Barcelona, el equipo ha podido señalar a los actores principales en un proceso de metástasis de colon.

Para los autores, cuando las células madre tumorales llegan al hígado, órgano habitual de las metástasis de colon, liberan al ambiente una molécula denominada TGF-beta. Las células del entorno, como los macrófagos, leucocitos, fibroblastos y células endoteliales, responden a la presencia del TGF-beta liberando otras moléculas.

Los científicos han comprobado que la producción de Interleucina-11 (IL-11) por parte de las células del entorno tumoral inducen en las células madre tumorales una serie de cambios genéticos que le confieren la capacidad de sobrevivir en el nuevo órgano colonizado.

“Hasta ahora para saber si un paciente de cáncer de colon haría metástasis investigábamos las células tumorales. A partir de este trabajo deberemos examinar la tierra más que la semilla”, explica Batlle, que lo describe con un paralelismo con la jardinería: “Podemos predecir si una planta crecerá mirando si el terreno, el substrato está fertilizado. El TGF-beta sería el fertilizante que favorecería la modificación del suelo donde esta semilla tumoral podrá crecer”.

Los científicos han visto, además, que las células del tumor ya tienen esta capacidad de modificar el entorno en el órgano de partida. “Podemos saber si se producirá o no una metástasis con una medida indirecta. Es decir, si observamos que el estroma ya está modificado en el tumor primario del colon querrá decir que las células tumorales que se diseminen tendrán la habilidad para modificar el entorno del hígado”, explica Alexandre Calon, primer autor del artículo e investigador post-doctoral en el laboratorio de Batlle.

Validación de los resultados científicos

El equipo de investigadores también demuestra en el artículo de Cancer Cell que eliminando la señal de TGF-beta en el estroma bloquean la iniciación de la metástasis. Los investigadores usaron un inhibidor de TGF-beta que está en fase clínica para otras enfermedades, y administraron este fármaco a ratones portadores de tumores agresivos en el colon.

Los ratones tratados con el compuesto eran resistentes a la formación de metástasis. “Este experimento con ratones nos ha servido para validar el diálogo necesario entre TGF-beta y el estroma del tumor para que se pueda producir una metástasis. Los resultados con ratones también indican que para aquellos pacientes con el TGF-beta activado podría ser beneficioso, si se encuentran en una fase inicial, tomar un inhibidor de TGF-beta”, explica Batlle.

Según han podido comprobar los investigadores, la dependencia por TGF-beta es para las fases iniciales de la metástasis. Es decir, una vez instaurada en el órgano distante, la administración del inhibidor no tiene efecto. “Aún así, debemos advertir”, dice Batlle, “que el desarrollo de un fármaco para tratar las metástasis de cáncer de colon se presenta muy complicado”.

Hoy en día, la gran mayoría de inhibidores se deben probar primero en pacientes con un pronóstico irreversible. “Los ensayos clínicos de nuevas moléculas están pensados para incidir en el crecimiento del tumor, mientras que la molécula que hemos administrado a los ratones no actúa en el crecimiento sino en la fase inicial. En todo caso, abrimos la posibilidad de que, en un futuro, pueda desarrollarse un inhibidor basado en el TGF-beta”, concluye el investigador.

Un test de diagnosis de recaída en cinco años

El cáncer de colon representa la segunda causa de muerte por cáncer en todo el mundo. El tratamiento habitual para combatir la enfermedad combina la cirugía con la quimioterapia. Después de estos tratamientos, los pacientes presentan períodos de remisión, que pueden ser de meses a incluso años, después de los cuales un 30-40% de ellos tendrán recaídas que en la mayoría de los casos se presentan en forma de metástasis a dos órganos específicos, principalmente a hígado y, en ocasiones, a pulmón.

Elena Sancho explica que “en unos cinco años podríamos tener en el mercado un test de diagnóstico para identificar los pacientes que están en riesgo de metástasis y ajustar el tratamiento según esa predicción”.

Los científicos han observado que alrededor del 15% de los pacientes nunca desarrolla metástasis y se correlaciona con si el estroma ha sido modificado por el TGF-beta. Esto significa que con un test de diagnóstico basado en el análisis de la signatura genética del estroma (presencia de TGF-beta y de Interleucina-11, entre otras moléculas), los médicos podrán diferenciar a los pacientes con riesgo de padecer metástasis.

Si los datos del estudio se confirman, entre un 10-15% de enfermos no requerirían quimioterapia, con un beneficio directo para su salud y un ahorro de recursos. Por otro lado, si el test pronostica un alto riesgo de metástasis, podría administrarse una terapia más agresiva y hacerles un seguimiento más constante.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Se identifica un nuevo mecanismo mediante el cual las células del estroma normales se vuelven células estromales que favorecen el cáncer.



Nueva comprensión de los cambios moleculares que convierten a las células inocuas que rodean a las células de cáncer ovárico en células que favorecen el crecimiento y las metástasis del tumor proporciona nuevas dianas terapéuticas potenciales para esta enfermed
ad letal, según los datos publicados en Cancer Discovery, una revista de la American Association for Cancer Research.

«Se necesitan urgentemente nuevos enfoques para tratar a las pacientes con cáncer de ovario», dijo el Dr. Ernst Lengyel, Ph.D., profesor del departamento de obstetricia y ginecología de la Universidad de Chicago. «No han surgido nuevos enfoques clínicos por bastante tiempo y no hemos visto mejoras importantes en la sobrevida de las pacientes en el transcurso de los años».

Según Lengyel, una mejor comprensión de las características biológicas del cáncer ovárico nos debiera proporcionar nuevas dianas terapéuticas. Él y sus colaboradores establecieron como propósito comprender de qué manera las células del estroma normales se transforman en fibroblastos relacionados con el cáncer, los cuales se hallan en el tejido que rodea inmediatamente a las células de cáncer ovárico. La interacción íntima entre los fibroblastos relacionados con el cáncer y las células malignas refuerza el crecimiento y las metástasis del tumor.

«La fortaleza de nuestro estudio radica en el hecho de que utilizamos células de pacientes, más que linajes celulares», dijo Lengyel. «Esto significa que el sistema de nuestro modelo refleja lo más cercanamente posible la situación clínica en las pacientes».

El análisis inicial indicó que los fibroblastos relacionados con el cáncer de pacientes con carcinoma ovárico tenían alteraciones en los patrones de expresión de moléculas pequeñas llamadas microARN en comparación con los fibroblastos normales y adyacentes al tumor.

Los microARN son reguladores importantes de la expresión de genes pues ayudan a dirigir la función de la célula. Por consiguiente, los patrones modificados de expresión de microARN cambian la función celular. Lengyel y sus colaboradores estudiaron también el microARN que más experimenta regulación por incremento en los fibroblastos relacionados con el cáncer y los dos microARN que más presentan regulación por decremento. Cuando modificaron el patrón de expresión de estos tres microARN en fibroblastos normales para simular el patrón que habían observado en los fibroblastos asociados al cáncer, descubrieron que los fibroblastos normales eran convertidos en células con características in vitro de los fibroblastos asociados al cáncer. Así mismo, las células reprogramadas para convertirse en fibroblastos asociados al cáncer mediante la alteración de la expresión de microARN favorecían el crecimiento de las células tumorales en un modelo de cáncer ovárico de ratón.

A la inversa, la normalización del patrón de expresión de los tres microARN en los fibroblastos relacionados con el cáncer redujo sus características favorecedoras de cáncer.

«Se están investigando enfoques terapéuticos dirigidos a los microARN en las células malignas», dijo Lengyel. «Nuestra investigación indica que podría ser factible modificar la expresión de microARN en los fibroblastos relacionados con el cáncer para obtener una ventaja terapéutica».

Lengyel añadió que los tratamientos dirigidos a los microARN en los fibroblastos relacionados con cáncer podrían ser muy eficaces pues estas células son genéticamente estables, a diferencia de las células malignas; por tanto, el riesgo de que las neoplasias malignas se vuelvan resistentes a estos tratamientos es menor que para los tratamientos dirigidos a las células malignas.

Los diabéticos con cáncer ignoran peligrosamente sus concentraciones sanguíneas de glucosa.



Las personas con diabetes de tipo 2 a las que se diagnostica cáncer —una enfermedad para la cual tienen más riesgo— ignoran el tratamiento de su diabetes por enfocarse en el tratamiento de su cáncer, según una nueva investigación publicada en Northwestern Medicine®. Sin embargo, las concentraciones altas 
de glucosa en sangre tienen más probabilidades de producir su muerte y alterar la capacidad de su sistema inmunitario para luchar contra el cáncer.

No obstante, las personas con diabetes de tipo 2 que recibieron aleccionamiento en torno a la diabetes después de un diagnóstico de cáncer tuvieron más probabilidades de atender su glucemia. En consecuencia, realizaron menos consultas en el servicio de urgencias, tuvieron menos hospitalizaciones, costos de atención a la salud más bajos y evaluaron sus concentraciones de azúcar en sangre con más frecuencia que las personas que no recibieron tal aleccionamiento. Así mismo, se sometieron a más pruebas de concentraciones de hemoglobina A1c en los consultorios de sus médicos. Esta última es un marcador decisivo de lo adecuado del control de la diabetes y la glucemia en los últimos tres meses.

«Las personas con diabetes escuchan la palabra cáncer y piensan que es una sentencia de muerte, de manera que ¿quién se preocupa por la diabetes en este momento?, dijo la Dra. June McKoy, directora de oncología geriátrica en el Robert H. Lurie Comprehensive Cancer Center en Northwestern University. «Sin embargo, si no tienen cuidado, es la diabetes la que les produce la muerte, no el cáncer. Es por esto que es tan decisiva la educación cuando aparece el cáncer. Los pacientes deben atenderse de las dos enfermedades».

McKoy, también profesora asociada de medicina en Northwestern University Feinberg School of Medicine y doctora en medicina en el Northwestern Memorial Hospital, es autora principal del estudio recién publicado en la revista Population Health Management. La autora principal es Lauren Irizarry, una estudiante de medicina de cuarto año en Feinberg.

La hiperglucemia no controlada puede originar lesión renal así como insuficiencia renal y también ceguera y amputación de los pies cuando los vasos sanguíneos son lesionados por las concentraciones excesivas de glucosa. Además, la diabetes de tipo 2 altera el sistema inmunitario y la capacidad del organismo para luchar contra el cáncer.

«Si no se atiende bien la diabetes, también se agrava el cáncer», añadió McKoy.

Las personas diabéticas tienen una frecuencia más alta de cáncer hepático, pancreático, de colon, de mama, de la vejiga y endometrial.

Para el estudio, los investigadores analizaron cinco años de registros clínicos de 166.000 pacientes afiliados a aseguradoras comerciales y 56.000 pacientes afiliados a Medicare Advantage. Descubrieron que 65,2% de los pacientes con cáncer que recibían educación en torno a la diabetes eran sometidos a valoración de su hemoglobina A1c al menos dos veces y 88% se habían hecho pruebas de la misma por lo menos una vez en un periodo de tres años. Las cifras fueron significativamente más bajas en pacientes que no recibieron educación en torno a la diabetes; en 48% de ese grupo se valoró la hemoglobina A1c dos veces y en 78% una vez durante un periodo de tres años. En condiciones ideales se ha de valorar la hemoglobina A1c cada cuatro meses.

El grupo que recibió educación en torno a la diabetes realizó 416 consultas en el servicio de urgencias durante tres años en comparación con 463 de los que no recibieron información. Además, el grupo informado tuvo 658 hospitalizaciones y el no informado tuvo 883 hospitalizaciones.

Las sesiones en torno a la educación sobre la diabetes se llevaron a cabo dos veces a la semana durante cuatro a seis semanas.

«Si no se tiene el poder de la educación, se pierde la dirección», dijo McKoy. «Es necesario proporcionar esta información y los médicos realmente necesitan ser los intermediarios de esta información para nuestros pacientes. El padecer diabetes y luego presentar cáncer puede ser muy agobiante».