lunes, 30 de abril de 2012

El cáncer de mama es "diez enfermedades distintas"



Las células de cáncer de mama podrían ser clasificadas en una de diez enfermedades diferentes.

Lo que actualmente llamamos cáncer de mama debería ser considerado como diez enfermedades completamente separadas, según un estudio internacional que ha sido llamado "un hito".

Las categorías podrían mejorar el tratamiento mediante la adaptación de medicamentos al tipo exacto de cáncer de mama que padece el paciente y ayudar a predecir la supervivencia con mayor precisión.

El estudio publicado en la revista Nature analizó el cáncer de mama de 2.000 mujeres. Y tomará por lo menos tres años para que las conclusiones puedan ser utilizadas en los hospitales.

El potencial es enorme y podría tener un papel transformador en el tratamiento del cáncer de mama. Sin embargo, estamos muy lejos de utilizar estas nuevas definiciones en los hospitales y el impacto inmediato en los pacientes será limitado.
Existen claras diferencias de supervivencia entre las 10 categorías:

Las agrupaciones 2 y 5 parecen tener un 40% de posibilidades de supervivencia de 15 años.

Las agrupaciones de 3 y 4 tienen alrededor de 75% de supervivencia en el mismo período.

Esto podría ayudar a informar mejor a los pacientes.
En términos de tratamientos, hay malas noticias. Existe sólo una terapia dirigida para uno de los diez tipos de cánceres de mama. Es el Herceptin, que ya se utiliza en un grupo específico de pacientes.

Otros grupos aún tendrán que utilizar terapias "estándar" como la quimioterapia o la radioterapia.

La esperanza es que mediante la identificación de los diez cánceres de mama, será posible para los investigadores diseñar fármacos para cada uno, pero eso es todavía un trabajo en progreso.

Los investigadores compararon el cáncer de mama a un mapa del mundo. Aseguraron que las pruebas que actualmente se utilizan en los hospitales son muy amplias y lo divide en el equivalente a continentes.

Los últimos hallazgos le dan el mapa al cáncer de mama mucho más detalle, lo que permite encontrar distintos "países".

"El cáncer de mama no es una enfermedad, sino diez enfermedades distintas", dijo el investigador que dirigió el estudio, Carlos Caldas.

Y agregó: "Nuestros resultados allanarán el camino para que los médicos en el futuro puedan diagnosticar el tipo de cáncer de mama que tiene una mujer, los tipos de medicamentos que funcionan y los que no de una manera mucho más precisa que en la actualidad".

Por el momento, los cánceres de mama se clasifican por su apariencia bajo el microscopio y con pruebas de marcadores tumorales.

Aquellos con "receptores de estrógeno" deberían responder a las terapias hormonales tales como el tamoxifeno; aquellos con un "receptor Her2" pueden ser tratados con Herceptin.

La gran mayoría de los cánceres de mama, más del 70%, deben responder a las terapias hormonales. Sin embargo, su reacción al tratamiento varía enormemente.
Caldas asegura que "algunos lo hacen bien, algunos lo hacen horriblemente. Es evidente que necesitamos una mejor clasificación".

Escala sin precedentes.



¿Qué es la medicina personalizada?

Este es uno de los principales ejemplos de lo que podría ser una revolución en la asistencia sanitaria: la "medicina personalizada".

El cáncer tiende a ser nombrado dependiendo del lugar en el que se encuentre: mama, colon, próstata, pulmón... y sigue la lista.

Desde hace tiempo se sabe que esto no es la mejor forma, ya que algunos cánceres de mama pueden tener más en común con un cáncer de ovario con otro tumor de mama.

Este estudio demuestra que deberíamos estar pensando en el cáncer de mama com diez enfermedades diferentes.

Los genes están enloqueciendo -en líneas generales- de diez maneras distintas. Y cada categoría requiere un tratamiento diferente.

Esta es la esencia de la medicina personalizada: diseñar tratamientos para la genética de una enfermedad.

Estudios similares podrían desarticular a otros cánceres en varias enfermedades diferentes, pero los efectos de la medicina personalizada podrían ser mucho más amplios.

Hay investigaciones sobre el uso de pruebas genéticas para predecir qué pacientes responderán bien, o muy mal, a los anticoagulantes, medicamentos para la bipolaridad y contra el VIH.

Hay un largo camino por recorrer, ya que sólo una de las diez categorías de cáncer de mama tiene un tratamiento personalizado en este momento. Pero como suele ser el caso, la investigación del cáncer de mama está liderando el camino.

Su equipo analizó muestras congeladas de cáncer de mama de 2.000 mujeres en hospitales en Reino Unido y Canadá.

Se analizó muy a detalle la genética de las células tumorales -qué genes habían mutado, qué genes estaban trabajando a toda marcha y cuáles habían sido eliminados.

El estudio, realizado por investigadores en Reino Unido y Canadá, mostró que todas las diferentes formas en las que las células cambiaron cuando se volvieron cancerosas podían ser agrupadas en diez categorías diferentes, llamadas IntClust de 1 a 10.

El profesor Caldas dijo que era un "modo completamente nuevo de ver el cáncer de mama".

El estudio fue financiado por el Instituto de Investigación del Cáncer de Reino Unido. Su director ejecutivo, Harpal Kumar, dijo: "Este es el estudio más grande que jamás se haya realizado para analizar en detalle la genética de los tumores de mama".

"Esto va a cambiar la manera en que vemos el cáncer de mama, en los próximos años tendrá un enorme impacto en el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad. Creemos que este es un estudio histórico".

Además, agregó que el organismo empezaría a utilizar los nuevos criterios en las pruebas clínicas que financia.

Más allá de las pruebas para nuevos fármacos contra el cáncer, la nueva "guía" del cáncer de mama podría tomarse un buen tiempo antes de beneficiar directamente a los pacientes.

Los investigadores tienen que probar que las diez clasificaciones de hecho aportan un beneficio a las personas con cáncer de mama, antes de que puedan ser utilizadas por los médicos.

Ese proceso se espera que tome de tres a cinco años.
Revolucionario

La presidenta ejecutiva de la Campaña contra el Cáncer de Mama en el Reino Unido, Delyth Morgan, dijo que el estudio podría "revolucionar la forma en la que el cáncer de mama es diagnosticado y tratado".

"Ser capaces de adaptar los tratamientos a las necesidades de cada paciente es considerado el Santo Grial para los médicos y este amplio estudio nos lleva un paso más cerca de ese objetivo".

Un portavoz del Departamento de Salud británico dijo: "Siempre estamos buscando nuevas formas de mejorar los resultados para los pacientes con cáncer y por eso estamos invirtiendo más de US$1.200 millones para asegurar que las personas sean diagnosticadas con cáncer temprano y tengan un mejor acceso a los últimos tratamientos.

Las neoplasias malignas de mama y ginecológicas durante el embarazo se pueden tratar protegiendo al feto.



Puesto que el cáncer durante el embarazo es infrecuente, con una frecuencia que fluctúa de 0,02% a 0,10%, son escasas las investigaciones que guíen a las mujeres y a sus médicos en relación con el tratamiento. En la actualidad algunos expertos han confirmado que es posible tratar en forma apropiada a la madre sin tener que terminar el embarazo.

El embarazo debe conservarse siempre que sea posible en pacientes con neoplasias malignas y ginecológicas, según dos artículos de análisis diferentes publicados recientemente en TheLancet. Las neoplasias malignas más frecuentes diagnosticadas durante el embarazo son ginecológicas (principalmente uterinas o cervicouterinas y con menos frecuencia ováricas) y de mama; el embarazo no tiene ningún efecto perjudicial sobre el pronóstico de unas y otras.

Aunque el pronóstico y el éxito del tratamiento dependen de cada paciente, es posible proporcionar tratamiento estándar a la madre y a la vez proteger al feto.

Las decisiones en torno al tratamiento del cáncer en una mujer embarazada pueden ser difíciles debido al conflicto entre el bienestar de la madre y el de su feto, hace notar el Dr. PhilippeMorice, del InstitutGustaveRoussy, Villejuif, Francia y sus colaboradores en un comentario concomitante a los artículos de análisis.

Señalan que el médico debe definir «cuándo y en qué medida retroceder los límites del tratamiento habituales para satisfacer las creencias éticas, legales o personales de la paciente», pero también debe proporcionar información exacta y tomar en cuenta los riesgos oncológicos.

Afirman en su artículo: «El principal objetivo es ofrecer a las pacientes embarazadas el mismo tratamiento óptimo y por tanto la misma supervivencia prevista que a las no embarazadas». Por consiguiente, los médicos deben definir claramente el verdadero riesgo oncológico en cada paciente, Deben dejar de pensar en el cáncer y en el embarazo en general; más bien, se deben enfocar en el cáncer específico y sus características conocidas.

Con excepción de la leucemia, las verdaderas urgencias oncológicas en las mujeres embarazadas son infrecuentes, señalan el Dr. Morice y sus colaboradores. Esto es afortunado pues «se necesita tiempo para deliberar y establecer un plan de tratamiento personalizado que le resulte a la paciente claro y equilibrado».

El tratamiento del cáncer durante el embarazo todavía se asocia a resultados inaceptables, como son los abortos y la selección de una estrategia inadecuada para el tratamiento de un tumor, señalan.

El Dr. Morice y sus colaboradores explican: «El tratamiento de toda mujer embarazada, y por extensión toda mujer en edad de procrear, debe comprender una reflexión más amplia con respecto a cómo conservar el embarazo o la fecundidad subsiguiente, o ambos». «La conservación de la fecundidad en las mujeres jóvenes con cáncer (toda una nueva especialidad, la oncofecundidad) es derecho de toda paciente».

Embarazo durante el cáncer de mama

En el artículo de análisis sobre cáncer de mamadurante el embarazo, el Dr. FrédéricAmant, del Centro Interdisciplinario del Cáncer de Mama, Instituto Oncológico de Luvaina, Universidad Católica, Luvaina, Bélgica, y sus colaboradores señalan que es necesario un enfoque interdisciplinario y un abordaje cauteloso en la radioterapia. Es necesario establecer en un contexto interdisciplinario una estrategia diagnóstica concebida para reducir el grado de exposición fetal a la radiación.

La estrategia terapéutica también se debe analizar en un contexto interdisciplinario y se debe apegar en la medida de lo posible a protocolos normales para las mujeres no embarazadas, dicen los autores, pero se debe tomar en cuenta la protección del feto.

El temor a los efectos tóxicos de la quimioterapia no debiera ser un motivo para terminar el embarazo.

La terminación del embarazo no mejora el pronóstico en el cáncer de mama, explicó el Dr. Amant. Dijo a Medscape Medical News: «Creemos que el temor a los efectos tóxicos de la quimioterapia no debiera ser un motivo para terminar el embarazo y el temor no debiera ser razón para retrasar el tratamiento materno o provocar la prematuridad».

El Dr. Amant añadió que a veces los oncólogos subestiman las consecuencias de la prematuridad a largo plazo. Dijo: «Creemos que los niños sufren más por la prematuridad que por la exposición prenatal a la quimioterapia».

Un estudio recién publicado por el Dr. Amant y sus colaboradores demostró que la exposición fetal a la quimioterapia no se acompañaba de un aumento de la morbilidad del sistema nervioso central, cardiaca o auditiva. Además, la exposición al parecer no se relacionó con alteraciones de la salud general o el crecimiento y el desarrollo cognitivo fue adecuado para la edad.

Creo que no es ético terminar el embarazo cuando se diagnostica cáncer.

«Hasta ahora, era fácil terminar el embarazo debido a que se desconocían los efectos a largo plazo», dijo el Dr. Amant. «Con los datos disponibles en la actualidad considero que no es ético terminar el embarazo cuando se diagnostica cáncer».

Añadió que si se confirma esta tendencia en un mayor número de niños con un seguimiento más prolongado, «considero que la terminación será más difícil de defender».

En su artículo de análisis, el Dr. Amant y sus colaboradores explican que el tratamiento quirúrgico, la quimioterapia y la radioterapia del cáncer de mama son posibles durante el embarazo, con la salvedad de que el tratamiento se debe ajustar a cada paciente.

En general el tratamiento quirúrgico se puede llevar a cabo sin riesgo durante cualquier etapa del embarazo y la mayor parte de los anestésicos al parecer son inocuos para el feto, señalan. La selección del tratamiento quirúrgico se debiera apegar a las mismas directrices que para las mujeres no embarazadas y la radioterapia tras una mastectomía parcial raras veces resulta un problema; la mayoría de las mujeres reciben quimioterapia y retrasan la radioterapia hasta después del parto.

Después del primer trimestre del embarazo, la quimioterapia puede ser posquirúrgica o prequirúrgica, y la decisión para utilizar quimioterapia debiera apegarse a las mismas directrices que para las mujeres no embarazadas, señalan los autores. El objetivo también debiera ser un nacimiento a término (37 semanas o más) y se evitará en lo posible el nacimiento prematuro.

Neoplasias malignas cervicouterinas y ováricas durante el embarazo

En el artículo del estudio sobre neoplasias malignas ginecológicas, el Dr. Morice y sus colaboradores de Francia y Estados Unidos se enfocaron en las dos neoplasias ginecológicas más frecuentes y complejas: las cervicouterinas y las ováricas. Al igual que en el carcinoma de mama, es esencial un análisis interdisciplinario para el tratamiento óptimo de estas enfermedades, señalan los autores. Los médicos deben tomar en cuenta la posibilidad de salvar al feto y el efecto del tratamiento sobre la capacidad procreadora de una mujer.

El Dr. Morice y sus colaboradores afirman que hasta la década de los 80 el cáncer cervicouterino diagnosticado durante los primeros dos trimestres se trataba terminando el embarazo y tratando en forma radical la neoplasia cervicouterina. La tendencia actual es a tratar de conservar el embarazo, sobre todo en pacientes con lesiones en etapa temprana sin ninguna afectación ganglionar.

El tratamiento del carcinoma cervicouterino depende en gran parte de cuatro criterios: la extensión de la diseminación local, el estado de los ganglios, el trimestre del embarazo y el subtipo histológico. Los autores explican que en el cáncer cervicouterino en etapa temprana, durante el primer trimestre y al principio del segundo, se puede utilizar las imágenes de resonancia magnética y la linfadenectomía laparoscópica como ayuda para establecer el plan de un enfoque conservador.

En las mujeres con tumores pequeños y que no tienen diseminación a los ganglios, se puede analizar el posponer el tratamiento hasta que se alcance la madurez fetal y el parto. En estos casos, podría ser apropiada la traquelectomía radical y la quimioterapia prequirúrgica.

El tratamiento de pacientes con tumores localmente avanzados es debatible ―quimioterapia prequirúrgica con conservación del embarazo o quimioterapia y radioterapia― y se debe analizar en forma individual. Los autores señalan que se ha de tomar en cuenta el tamaño del tumor, los hallazgos radiológicos, la etapa del embarazo y los deseos de la paciente.

El tratamiento del carcinoma ovárico depende del tipo histológico, la etapa y el trimestre del embarazo. En pacientes con diseminación peritoneal o tumores en etapa temprana con alto riesgo, la conservación del embarazo podría ser factible con la quimioterapia prequirúrgica, según el Dr. Morice y sus colaboradores.

La quimioterapia en general es necesaria para lograr la curación en el cáncer ovárico y es muy alto el riesgo de una malformación congénita o de aborto espontáneo como una consecuencia durante el primer trimestre. En tales, casos, señalan: «La posibilidad de un aborto terapéutico por contraposición a retrasar el tratamiento debiera analizarse con la paciente». Sin embargo, el tratamiento durante los trimestres subsiguientes se puede administrar según las directrices habituales para la quimioterapia normal de los tumores de células germinales como el cáncer ovárico epitelial; en la mayoría de los casos, por lo general no hay consecuencias irreversibles para el feto.

Además no suele ser necesario provocar el parto prematuro si se controla el cáncer con quimioterapia.

El Dr. Morice y sus colaboradores resaltan: «Se necesitan estudios clínicos, sobre todo para los aspectos clave del tratamiento clínico, como son el retraso intencional en el carcinoma cervicouterino en etapa temprana o la traquelectomía radical y la quimioterapia prequirúrgica, para establecer el equilibrio entre la mejor posibilidad de curación para la paciente y la conservación de un feto sano».

La Dra. NefertitiduPont, MPH, a quien le pidió Medscape Medical News un comentario independiente, hizo notar que este es «un análisis excelente de un tema difícil».

La Dra. duPont, quien es profesora adjunta y directora de la Clínica de Detección de Cáncer Ovárico de Alto Riesgo en el Roswell Park CancerInstitute, Buffalo, Nueva York, dijo: «Cuando se diagnostican en una etapa temprana, las neoplasias ginecológicas malignas durante el embarazo pueden tener buen pronóstico para la madre y el lactante». «Los aspectos más importantes son el seguimiento estrecho de la madre durante su embarazo y la evolución en el puerperio y el seguimiento a largo plazo del lactante».

Lo que también es decisivo es un equipo interdisciplinario que garantice que la madre y el lactante tengan el mejor pronóstico posible, explicó.

La Dra. duPont hizo notar que algunos aspectos del análisis, no obstante, se podían reforzar. Dijo: «Los médicos debieran proporcionar apoyo psicosocial y emocional a la madre durante el diagnóstico y el tratamiento». «Así mismo, casi en todos los estudios se recomienda posponer la quimioterapia a las primeras tres semanas después del parto para evitar la mielosupresión del recién nacido».

El Dr. Amant es investigador clínico decano de ResearchFoundationFlanders. Todos los demás autores y comentaristas editoriales han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Referencias:

Lancet. 2012; 379: 495-496, 558-569: 570-579.

Endometriosis y cáncer de ovario.

Un antecedente de endometriosis se relaciona con un incremento del riesgo de tres subtipos de carcinoma ovárico: de células claras, endometrioide y seroso de baja malignidad.

Un nuevo estudio ha definido que la endometriosis se relaciona con un incremento del riesgo de determinados subtipos histológicos de cáncer ovárico epitelial invasivo. En concreto, un antecedente de endometriosis se relaciona sólo con un aumento del riesgo de carcinoma ovárico invasivo seroso de escasa malignidad, de células claras y endometrioide.

Un análisis combinado que se publicó hoy día en Lancet Oncology demostró que la endometriosis se relaciona con una posibilidad de presentación de carcinomas ováricos de células claras tres veces mayor y aumenta a más del doble el riesgo de que se presenten tumores endometrioides.

No se observó ninguna relación entre la endometriosis y el riesgo de cáncer ovárico seroso de gran malignidad o invasivo, o bien, tumores de clasificación indeterminada de uno u otro tipo.

El Dr. Charlie Gourley, ChB, PhD en un comentario concomitante señala que la identificación de una interrelación entre los subtipos histológicos específicos y no otros respalda los datos crecientes de que estos subtipos histológicos son entidades patológicas distintivas.

El Dr. Gourley, quien es conferencista y consultor honorario en oncología médica en el University of Edinburgh Cancer Research Centre, Reino Unido, afirma: «Todavía hay mucho que aprender sobre los orígenes celulares y las bases moleculares de estas diferenciaciones, pero la identificación de los subtipos afectados por procesos como la endometriosis debiera ayudar en la tarea de detallar el proceso y establecer estrategias que permitan una prevención o tratamiento satisfactorios».

Todavía no se ha esclarecido de qué manera estos resultados son aplicables a los programas de detección sistemática.

La investigadora principal del análisis combinado, la Dra. Celeste Leigh Pearce, profesora adjunta en el Departamento de Medicina Preventiva de la Keck School of Medicine, University of Southern California, Los Angeles, dijo en una declaración: «Este avance podría llevar a una mejor identificación de las mujeres que tienen más riesgo de carcinoma ovárico y podría sentar las bases para una mayor vigilancia del cáncer en la población pertinente, que permita individualizar mejor los métodos de prevención y de detección temprana, como el tratamiento quirúrgico para la reducción del riesgo y la detección sistemática».

Sin embargo, en su comentario, el Dr. Gourley hace notar que el incremento del riesgo de cáncer ovárico epitelial que se observó en el estudio «tal vez por sí solo no sea suficiente para justificar la detección de cáncer ovárico dirigida en pacientes con un antecedente de endometriosis. Sin embargo, añade, el hecho de que algunos de los subtipos histológicos relacionados predominen en una etapa temprana obliga a tomar en cuenta la detección.

Estos datos reafirman la necesidad de vigilancia

El Dr. Gourley señala: «Además, la magnitud de este incremento del riesgo y las lesiones predominantemente asociadas repercuten en el equipo interdisciplinario cuando van a valorar lesiones de causa indeterminada en una paciente con un antecedente de endometriosis». «Estos datos reafirman la necesidad de tener presente la posibilidad de que podría haber algún tumor invasivo».

Sólo hay relación con dos subtipos

El análisis realizado por la Dra. Pearce y sus colaboradores fue una colaboración internacional; reunió datos de 13 estudios de casos y testigos sobre cáncer ovárico que eran parte del Consorcio de la Asociación de Cáncer Ovárico. Se analizaron los casos tomando en cuenta subtipo histológico, grado y etapa y en todos los modelos analíticos se incluyó edad de las pacientes, origen étnico, centro de estudio, paridad y duración de uso de anticonceptivos orales.

La cohorte estuvo representada por 13.226 personas de control y 7911 mujeres con cáncer ovárico invasivo. De este grupo, 818 (6,2%) de las mujeres de control y 738 (9,3%) de las pacientes con cáncer de ovario comunicaron tener un antecedente de endometriosis. Además, 1907 mujeres tuvieron cáncer ovárico de clasificación indeterminada y 168 (8,8%) de ellas informaron un antecedente de endometriosis.

En general, comunicaron un antecedente de endometriosis 136 de 674 mujeres (20,2%) con tumores de células claras, 169 de 1220 mujeres (13,9%) con tumores endometrioides, 31 de 516 mujeres (6,0%) con tumores mucinosos, 261 de 3659 mujeres (7,1%) con tumores serosos de gran malignidad y 31 de 336 mujeres (9,2%) con tumores serosos de escasa malignidad. Todos estos son subtipos de carcinoma ovárico invasivo.

Además, 103 de 1140 mujeres (9,0%) con tumores serosos de clasificación indeterminada y 65 de 767 mujeres (8,5%) con tumores mucinosos de clasificación indeterminada comunicaron tener un antecedente de endometriosis.

Factores de confusión, como lactancia materna, peso corporal, estatura, índice de masa corporal, ligadura de trompas de Falopio y un antecedente familiar de cáncer de ovario, no influyeron en la relación entre el riesgo de cáncer y la endometriosis.

El análisis demostró que un antecedente de endometriosis era comunicado más a menudo por pacientes con carcinomas ováricos invasivos de células claras, de escasa malignidad, serosos y endometrioides que por las que tenían carcinomas ováricos invasivos de gran malignidad serosos o mucinosos (p < 0,02 para todas las comparaciones). La endometriosis también se relacionó en mayor grado con cáncer ovárico invasivo de células claras que con el subtipo endometrioide invasivo (oportunidades relativas [OR]: 1,64; p = 0,001) y se relacionó más con cáncer ovárico invasivo de escasa malignidad que con cáncer ovárico seroso de gran malignidad (OR: 1,94; p = 0,01).

El estudio fue financiado por múltiples fuentes internacionales, según se hace notar en el artículo. Los autores del artículo y del comentario editorial han declarado no tener ninguna relación económica pertinente.

Referencias:

Lancet Oncol. Published online February 21, 2012.

La suprarrenalectomía ipsilateral ¿Innecesaria? en la nefrectomía radical por cáncer de riñón.



Pese a los datos que respaldan la suprarrenalectomía parcial, la suprarrenalectomía ipsilateral sigue siendo frecuente durante la nefrectomía radical por cáncer, informan investigadores de Canadá. .

El Dr. Antonio Finelli de la University of Toronto dijo a Reuters Health por correo electrónico: «Aunque la suprarrenalectomía parcial se ha recomendado en las directrices urológicas, sabemos que las directrices no necesariamente representan el medio más eficaz para fomentar el cambio».

Añadió: «Por tanto, pueden ser necesarias estrategias alternativas como la vigilancia y la retroalimentación, aunque no se hayan puesto a prueba en este contexto, para agilizar la aplicación en el campo rápidamente cambiante del tratamiento quirúrgico del cáncer del riñón».

El Dr. Finelli y sus colaboradores, cuyos hallazgos fueron publicados recientemente en la versión en línea de Journal of Urology, analizaron los informes de anatomía patológica de más de 5000 pacientes del Registro de Cáncer de Ontario que se habían sometido a nefrectomía radical por carcinoma de células renales.

Aunque sólo 74 casos (1,4%) tenían afectación suprarrenal, la tasa de suprarrenalectomía global fue 40,1%. Esta tasa disminuyó sólo un poco después que aparecieron estudios que apoyaban la suprarrenalectomía parcial, desde 40,6% en 1995 hasta 34,8% en 2004.

Se llevó a cabo suprarrenalectomía en 51% de los pacientes con tumores de más de 7 cm frente a 30% de los pacientes con tumores más pequeños de 4 cm. La glándula suprarrenal estaba afectada en sólo 3,2% de los tumores más grandes y 0,6% de los tumores más pequeños. Un poco menos de 1% de los tumores de tamaño intermedio (4 a 7 cm) tenían afectación suprarrenal.

Además del mayor tamaño del tumor, la afectación suprarrenal fue notablemente más frecuente cuando había invasión del tejido adiposo perirrenal por el tumor.

Las tasas de supervivencia a un año y a cinco años fueron significativamente más bajas con la afectación suprarrenal (60,6% y 21,6% respectivamente) que sin ella (91,5% y 77,9%, respectivamente).

El Dr. Finelli terminó diciendo: «La suprarrenalectomía ipsolateral al llevar a cabo la nefrectomía sigue efectuándose independientemente de los datos indicativos de que la afectación suprarrenal es infrecuente en la mayoría de los casos».

Añadió: «Aunque no hay datos que indiquen que la extirpación de una glándula suprarrenal tenga consecuencias fisiológicas, en el contexto del cáncer de riñón, la afectación suprarrenal contralateral puede ocurrir en una fecha subsiguiente y precisar tratamiento quirúrgico así como reposición de esteroides de por vida». «Estamos en el proceso de investigar la repercusión fisiológica de la suprarrenalectomía en pacientes con carcinoma renal».

Hallan gen que podría detener el crecimiento del cáncer de páncreas



Científicos británicos descubrieron una nueva forma de tratamiento potencial para detener el cáncer de páncreas.

El estudio identificó un gen que provoca la rápida propagación de las células malignas.

Los investigadores del Instituto Wellcome Trust Sanger en Inglaterra y la organización Cancer Research Uk identificaron un gen que cuando está "apagado" protege a las células cancerosas y provoca la rápida propagación de la enfermedad.

También encontraron que con varios fármacos que ya se están probando en ensayos clínicos se puede "encender" a este gen y evitar el progreso del cáncer.
El hallazgo involucra a la forma más agresiva de cáncer pancreático, que mata a una de cada cinco personas que desarrollan este tipo de tumor un año después de ser diagnosticadas.

La investigación aparece publicada en la revista Nature.

El cáncer pancreático es la cuarta causa más común de muerte por cáncer en todo el mundo.

A menudo es difícil diagnosticar la enfermedad porque generalmente sólo presenta síntomas cuando el tumor está avanzado y aún los síntomas en estados avanzado son difíciles de diagnosticar porque varían de un paciente a otro.

Debido a sus bajas tasas de supervivencia, el cáncer pancreático es considerado "el asesino silencioso".

Tampoco se han logrado identificar las causas específicas del trastorno.
Aunque se sabe que el historial familiar es un factor de riesgo importante, hasta ahora no se habían logrado identificar los genes involucrados en la enfermedad.

"Frenos" celulares
Ahora, el equipo de Instituto Wellcome Trust descubrió un gen, llamado USP9X, que juega un papel esencial en la evolución del trastorno.

Encontraron que cuando el USP9X está apagado, las células de páncreas cancerosas quedan protegidas de los procesos naturales de muerte celular en el organismo.

Y esto les permite volverse más agresivas y propagarse rápidamente.
Estudios con ratones habían demostrado que en animales sanos el gen evita que una célula se divida de forma descontrolada.

Pero en las células pancreáticas cancerosas se encontró el gen apagado.

"Los medicamentos que pueden remover estos marcadores ya han mostrado resultados prometedores en el cáncer de pulmón y este estudio sugiere que también pueden ser efectivos para tratar hasta 15% de los tumores pancreáticos"
Prof. David Tuveson.

Tal como explican los científicos, ésta no es una mutación -o defecto- genético, sino que lo que provoca la desactivación es la adherencia de compuestos químicos a la célula.

"La genética del cáncer pancreático ya había sido investigada con cierto detalle, de manera que nos sorprendió descubrir que este gen no hubiera sido identificado antes", afirma el profesor David Tuveson, del Instituto de Investigación de la organización Cancer Research Uk, en Cambridge, y coautor del estudio.

"Sospechábamos que la falla no tenía que ver en absoluto con el código genético, sino con los marcadores moleculares en la superficie del ADN encargados de encender y apagar a los genes".

"Y cuando llevamos a cabo más pruebas de laboratorio logramos confirmarlo", agrega el científico.

Para el estudio, los científicos utilizaron ratones con cáncer pancreático para buscar cuáles eran los genes que están acelerando el crecimiento del tumor.

En el análisis usaron una tecnología que buscaba específicamente un tipo de genes, llamados supresores de tumores, que normalmente deben proteger contra el desarrollo de cáncer.

Estos genes son una especie de "frenos" en las células porque cuando tienen defectos no hay forma de evitar que la célula de multiplique sin control y provoque el cáncer.

Los resultados del análisis mostraron varios genes que ya habían sido asociados a la enfermedad. Pero también encontraron uno nuevo, el USP9X.

Según el profesor Tuveson, se cree que el gen USP9X puede ser defectuoso en un 15% de los tumores pancreáticos.

Y esto plantea la posibilidad de que fármacos que ya están disponibles actualmente -y que son capaces de remover estos marcadores moleculares- pueden ser una forma efectiva de tratar algunos casos de la enfermedad.

"Los medicamentos que pueden remover estos marcadores ya han mostrado resultados prometedores en el cáncer de pulmón y este estudio sugiere que también pueden ser efectivos para tratar hasta 15% de los tumores pancreáticos", expresa el profesor Tuveson.

Otro de los autores del estudio, el doctor David Adams, del Instituto Wellcome Trust Sanger, afirma que "la secuencia del genoma humano ha identificado muchas claves nuevas sobre el cáncer y ha transformado nuestro entendimiento de la enfermedad".

"Sin éste, sólo hubiéramos sido capaces de echar un vistazo pequeño y fragmentado a las causas de esta enfermedad".

"Este estudio fortalece nuestro entendimiento de que debemos investigar la biología de las células para identificar todos los genes que juegan un papel en el cáncer", agrega.

Y la doctora Julie Sharp, de Cancer Research Uk, expresa que "estos resultados plantean la posibilidad de que una nueva clase de fármacos prometedores puedan ser efectivos para tratar algunos casos de cáncer pancreático".